Es curioso cómo a veces hay momentos de la vida en los que sentimos que todo está bajo control, y sin embargo, de un momento a otro, todo cambia.
En esos momentos, puede que no haya un manual que nos prepare para lo que está por venir, y las cosas que considerábamos esenciales se desvanecen.

Cuando te embarazas entras en un remolino de emociones, primero no creer lo que está pasando (porque lo vienes soñando por mucho tiempo),luego pensar en que todo cambiara y por fin ese deseo grande de ser mama se esta haciendo realidad.
Acudes a cada cita con alegría porque saber que veras a tu bebé, pequeño aun,pero ahí está y todo anda bien, en ese punto comienzas a planear lo que sigue.
Te hace mucha ilusión el cuarto, los colores que usaras, cuál será la primera ropa que le pondrás en el hospital?, como lo cargaras cuando nazca, etc etc de cosas que inundan tus pensamientos.
Ya tienes una fecha programada,y llega el momento de hacer la maleta,si la típica maleta que toda futura mamá lleva al hospital.
Pero a veces las cosas no salen según lo planeado .
Y sin embargo, ese momento llegó, sin maleta, sin preparativos. Pero tal vez te diste cuenta de que no importa tanto lo que llevamos, sino cómo nos enfrentamos a lo inesperado. A veces lo más importante en esos momentos es el valor para estar presentes, para enfrentar lo que venga, aunque no tengamos todo lo que pensábamos que necesitaríamos.
La maleta para el hospital es un símbolo de la anticipación, de la emoción, de la preparación para recibir a tu bebé, un momento tan esperado. Esos días previos al nacimiento están llenos de ilusión, de nervios y de sueños sobre lo que vendrá. La idea de hacer la maleta es un paso tangible en ese viaje, un acto que te conecta con todo lo que has imaginado.
Y luego, cuando ese momento llega y no tienes esa maleta lista, puede ser una sensación extraña, como si algo se hubiera desmoronado, o tal vez como si de alguna manera el tiempo se hubiera acelerado sin que pudieras prepararte del todo. A veces, los momentos más importantes de nuestras vidas nos llegan de una forma tan inesperada que no hay espacio para todo lo que habíamos planeado. Y lo más probable es que, aunque la maleta no estuviera hecha, lo que realmente importaba ya estaba contigo: ese amor y esa emoción que llevas dentro.
Es natural sentirse un poco desbordada en esos momentos, pero, al final, el nacimiento de tu bebé será mucho más que cualquier lista de cosas para llevar al hospital. Es un evento que no necesita ser “perfecto” para ser significativo. Y aunque no tuviste la oportunidad de preparar todo lo que pensaste, lo más importante es que estabas allí, viviendo el momento, y que lo que realmente importa es el amor que recibirá tu bebé y todo lo que tú, como madre, tienes para ofrecerle.